sábado, 14 de septiembre de 2013

Más vale tarde que nunca



La semana pasada terminé de leer El pez en el agua de Mario Vargas Llosa, un libro al que le tenía ganas desde hace mucho tiempo y que, definitivamente, recomiendo a todos. Veinte años luego de su publicación y de buscar un original, cuyo precio se acomode a mi bolsillo, debo reconocer que no debí esperar tanto tiempo para disfrutarlo.

La parte autobiográfica me impactó más que los pormenores de la campaña presidencial de 1990. Me permitió conocer el lado humano de Vargas Llosa y cómo ese niño llegó a ser el escritor de renombre que es hoy, superando los problemas que hasta ahora continúan atormentando a tantos menores: la violencia en el hogar. Se me escaparon las lágrimas en el microbús con este capítulo, pero, por otro lado, solté la carcajada cuando narró las peripecias que pasó para casarse con la tía Julia.

Admito, con vergüenza, que si hubiese leído este libro antes de dar mi examen oral para titularme, en el año 2008, me hubiese sentido más satisfecha con mis respuestas. Hábleme usted de Mario Vargas Llosa como periodista, me dijo uno de los tres jurados que tenía en frente. Qué lindo hubiese sido citar la obra, hablar de sus inicios tan tempranos en el diario La Crónica, en Lima, cubriendo, incluso, policiales; en La Industria, en Piura; hasta jefe de informaciones en Radio Panamericana. Su actividad como columnista en diversos medios internacionales fue lo primero que se me vino a la mente. Bochorno total.

Sobre la candidatura presidencial, trataba de comparar lo que narraba con los hechos de los que sí tengo recuerdos, ya que yo tenía diez u once años en ese entonces. La manera en que una niña como yo se enteraba de la actualidad en esos días, no era mirando noticieros, sino viendo las imitaciones que hacían los cómicos de Risas y Salsa sobre los desaciertos cometidos por los políticos durante la semana. 

Búrlense de mí si quieren, pero rememoro a un joven Jorge Benavides hablando como Mario siempre bajo una lluvia de pica pica, esos infernales papelitos a los que el mismo escritor les dedica unas líneas por lo insoportables que eran.

Lo que también está en mi memoria es el día de la segunda vuelta, en la que me quedé dormida en la tarde y al despertar mi hermano mayor "asado", como él solo, me dijo que Vargas Llosa había perdido. Por otro lado, mis padres sonrientes con el triunfo de Alberto Fujimori. "Los chinitos son trabajadores", oí que mi mamá le decía a una amiga suya, mientras veían televisión en la tienda y atendía a la gente que compraba cerveza para celebrar, seguramente.

Definitivamente el libro me enriqueció y desempolvó recuerdos que tenía bien guardados. Me ha hecho pensar en la lista de libros que siempre quise leer, pero, por una u otra razón, no los compré. Este es el mejor momento para retomar los textos que tengo pendiente. Total, el tráfico es tan infernal en Lima, que lo mejor es buscar una combi con asiento, sin música ruidosa y un buen libro para soportar esas avenidas congestionadas.






domingo, 1 de septiembre de 2013

El jefe ideal

La actriz Meryl Streep como Miranda Priestly en "El diablo viste a la moda".

Veo con horror que no posteo desde febrero. Han pasado muchas cosas en mi vida desde entonces: un nuevo gato, cambié el color mi cabello y renuncié a mi trabajo. Mi salida de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos me llevó a hacer una análisis -y por ahí un ranking secreto- de los mejores y peores jefes que he tenido en los diez años que llevo ejerciendo la carrera de comunicadora.


No voy a mencionar nombres, lo que busco es solo dejar en claro que es para mí ser un buen jefe. En primer lugar, los he tenido de todo tipo: renegones, chismosos, burlones, paranoicos, locos, olvidadizos, los que se contradicen solos, los que te culpan por salvar su pellejo, los que en realidad no saben lo que quieren, explotadores, flojos, desconfiados, injustos y, por supuesto, los ayayeros. 



Pero también aquellos, que sin decirlo con palabras, pero sí con gestos, demostraron que confiaban en mí. Otros, que al ver un error en mi redacción o hasta como tomaba nota, se dieron el tiempo de decirme "esto se hace así". Algunos amables a los que podía recurrir para cualquier cosa, incluso hablar de temas personales. Y cómo olvidar al que me dio la oportunidad de asumir una jefatura y subir un peldaño en mi humilde trayectoria profesional. Le estaré eternamente agradecida.



De eso se trata, pensé, un jefe que deje huella, pues para ser honesta los he tenido con muchas de las características negativas que menciono líneas arriba, pero, pese a todo, no negaré que aprendí muchas cosas de ellos. Jefes que pudieron ganarse el título de monstruos o brujas, pero que eran, y lo siguen siendo, periodistas con carrera, de aquellos que comenzaron con las máquinas de escribir.



Los que me llamaron la atención porque eran exigentes y les desesperaba que me relajara dejando algún dato sin confirmar. De ellos aprendí a dar todo de mí, a ser disciplinada conmigo misma, a trabajar temas, a olvidar el "así no más". Con el tiempo, pude ganarme su confianza y me sentí como Andrea Sachs de "El diablo viste a la moda" que logró hasta una recomendación de su abusiva jefa Miranda Priestly (Adoro esa película y la recomiendo totalmente, no por la moda, si no por las relaciones laborales)



Todo lo contrario me inspiran otros que pasaron con más pena que con gloria. Es preferible alguien que se muestra tal como es todo el tiempo, aunque sea gruñón, a un lobo con piel de cordero. Mil veces un periodista malhumorado del que puedo aprender algo, antes que una "carita sonriente" para los demás, sin criterio para hacer las cosas. Me quedo con un cascarrabias antes que aquellos que me hacen pensar que estudiaron cualquier cosa menos Comunicaciones, pues lo único que escriben sin pedir ayuda, es su nombre completo. 





domingo, 24 de febrero de 2013

Inseguridad: Culpables y excesos periodísticos


Qué terrible saber hasta en los lugares, aparentemente tranquilos, podemos perder hasta la vida. Una notaría y la puerta de nuestra propia casa. La seguridad ciudadana ha vuelto al ruedo del debate durante la semana, un lugar del que nunca debe salir debido a su complejidad.

Las críticas al Gobierno comenzaron inmediatamente, especialmente luego de las declaraciones del presidente de la República, Ollanta Humala; el titular del Consejo de Ministros, Juan Jiménez; y el ministro del Interior, Wilfredo Pedraza; quienes lejos de explicar las acciones inmediatas que tomarán para poner un alto a esta situación, piden a los asustados ciudadanos no provocar a los delincuentes saliendo a la calle con grandes sumas de dinero o a medios de comunicación, no difundir tanta información policial porque eso ensalza el crimen.

Estamos frente a otro régimen que demuestra no tener un plan concreto sobre seguridad ciudadana, más aún cuando en el país ahora se registran con frecuencia asesinatos por encargo, al puro estilo colombiano. Quizá nunca lo tuvo. No se trata, pienso yo, solo que los policías logren capturar delincuentes, lo que se busca es evitar actos criminales y esto es producto de trabajos de inteligencia.

Asimismo, regenerar a esos sujetos, una labor que, se supone, deben realizarse en los penales. Qué ganamos con una fuerza policial eficiente que detiene a cuanto vándalo y asesino se le cruce en el camino, cuando estos irán a una prisión de la cual saldrán en poco tiempo con ese mismo desprecio por la vida humana.



De otro lado, considero que hay un aspecto en el que los colegas, especialmente los de televisión, sí deben ser autocríticos: demasiada cabida a las notas policiales y el trato poco sensible que muchas de ella denotan. Jiménez, aunque nos cueste aceptarlo, tiene algo de razón.

Seguramente dirán que son las noticias del día, que solo recogen la realidad, que la gente necesita saber lo que pasa, etc.; y en cierta manera tienen razón, pero por Dios ¿tienen que abrir siempre todos los noticieros y mostrar imágenes desagradables? Tras la muerte del fotógrafo de El Comercio Luis Choy, abaleado en la puerta de su vivienda y ante los ojos de su hijita, el programa "Reporte Semanal" de Frecuencia Latina emitió imágenes del hombre de prensa agonizando. ¿Era necesario esto? 

Coincido con algunos tuiteros que expresaron su malestar, pues se preguntan qué pueden esperar de la prensa, si entre periodistas nos hacemos esto, no respetamos el dolor de la muerte. Gerardo Reyna, reportero de RPP Noticias, tuiteó esto: "Mencionan hasta el nombre de la pequeña, seguro si pudieran entrevistarían a la hija de Luis choy. No hay limites por rating en la prensa?".  

Si la ley no protegiera a los menores de edad quizá lo que hoy hubiésemos visto sería una entrevista vía microondas y en exclusiva con la pequeña. El afán de audiencia nos hace perder la brújula. Esta es una oportunidad para empezar la autoregulación, se trata de un colega. No queremos ser simples contadores de muertos.












sábado, 12 de enero de 2013

Uno de tantos



Cuando ya estaba aburrida del caso 'Gringasho' y ver cómo algunos colegas ya no sabían de qué manera involucrar más a Jazmín Marquina para seguir publicando sus fotos al estilo malcriada del "Trome", me dio gusto ver que por fin se le dio un ángulo diferente al tema. "Hildebrandt en sus trece" mostró la libreta de notas del sicario, sorprendiendo a todos: tenía buen desempeño escolar. "¿A dónde hubiese llegado el adolescente con una familia menos bárbara?", se pregunta el semanario, y luego otros medios de comunicación, al recordar que fue abandonado por su madre, criado por la abuela y adiestrado por el tío para ser el asesino que es hoy. 

El semanario se hace una interrogante válida y una invitación a la reflexión sobre el desamparo afectivo y moral en el que se encuentran muchos niños, aún creciendo dentro de una familia. Un hijo es cosa seria. Ser padre, una de las mayores responsabilidades que puede haber. Educar a un ser humano para que se valga por sí mismo, siendo capaz de respetar a las personas y al mundo que lo rodea, con sus diferencias y todo, no es cosa de juego y me saco el sombrero por quienes sí logran hacerlo.

Pienso, entonces, en la historia que debe haber detrás de cada delincuente. Quizá un niño al que sus padres no le prestaron atención o lo maltrataron, empujándolo a buscar compañía fuera de casa, con la gente que encuentre en la calle. Más tarde ese pequeño se hace hombre, embaraza a una chica por descuido y el círculo vicioso se repite. Otra vez un bebé no deseado creciendo en medio de una pareja que no se molesta en disimular su fastidio. Y así muchas generaciones. Es mi idea.

El debate desatado sobre 'Gringasho' respecto a si es necesario seguir protegiendo la identidad de menores de edad que cometen delitos tan graves como el homicidio es necesario, pero debe ir acompañado por una recomendación a todos aquellos que son papás o tienen un niño bajo su cuidado para estar al tanto de quiénes son los amigos o personas que frecuenta. Nunca está demás.

Yo trabajo en una universidad y he tenido la oportunidad de entrevistar a jóvenes que aún no terminan la carrera y no llegan ni a los 23 años, sin embargo, ya tienen proyectos para hacer su propia empresa, están colaborando en las investigaciones científicas de sus profesores o emprendiendo las propias y otros que, incluso, ganaron becas para seguir estudiando en el extranjero. Cuando conozco chicos así pienso en que me gustaría estrechar la mano de sus padres o quienes lo criaron para decirles: "buen trabajo". 












domingo, 9 de diciembre de 2012

Confianza que se va volando


Debo reconocer que mi solidaridad con el prójimo es tan grande como los deseos de Luis Castañeda Lossio porque Susana Villarán termine su periodo como alcaldesa de Lima. Soy una egoísta confesa y un poco insensible ante la desgracia humana, por eso no colaboro con muchas cosas, ni teletones, ni colectas, con las justas rifas. Tiene que ser algo que realmente me conmueva.

Desconfío de los mendigos, de las personas que piden limosnas con niños en brazos, los que suben a los micros con recetas médicas, los que cuentan que salieron de la cárcel y nadie les da trabajo y, ahora, de los jovencitos que se me acercan en la calle, lata en mano, para pedir dinero para la Navidad de los niños de no sé dónde. ¿Y yo cómo sé que todo eso es verdad? 

Sin embargo, no dejé de sorprenderme esta semana al enterarme del escándalo de los padres de Adrianito, el llamado niño mariposa. Un estafa hecha realidad y a nivel mediático. No puedo creer que tanta gente haya sido engañada de esa manera, y no solo me refiero a quienes generosamente dieron parte de su dinero, lo que llama mi atención es que le hayan visto la cara a tanto personaje de la televisión, que ahora se arrepienten de haber gastado "su valioso tiempo" en buscar adeptos a la campaña.

La convocatoria para ayudar a Adrianito nació en "Enemigos Públicos" y nadie ahí se tomó el trabajo de averiguar si todo lo que pedían Raúl Castañeda y Khory Rodríguez, papás del niño, era realmente necesario, lo digo por el famoso millón de dólares requeridos, cuando ahora han salido casos de otros menores con esa enfermedad en la que, se asegura, solo bastan mil quinientos soles mensuales en cremas.

Disculpen por lo que voy a decir, pero, incluso, cuando comenzó todo la campaña me di cuenta que el pequeño ni siquiera se parece a sus padres. Ay, así soy de incrédula. Mi lado maquiavélico piensa que ahora solo falta que descubran que ni siquiera son padres e hijo y que todo fue un show bien armado.

Lo último del caso es que los padres ya no administrarán el dinero recolectado. Era la única salida, aunque, como oí en estos días, la confianza es como el cristal, si se rompe, puedes pegar sus piezas, pero no volverá a ser igual. En todo caso, si ya tienen más de 300 mil dólares ¿por qué no empezar ya con algún tipo de tratamiento dando un adelanto? ¿Acaso realmente van a esperar a llegar al millón de dólares para hacer algo por el niño?






sábado, 27 de octubre de 2012

Adiós a La Parada


La semana más dura que le ha tocado vivir a Susana Villarán desde que se sentó en el sillón municipal. Luego que el proceso para revocarla del cargo de Alcaldesa de Lima recibiera luz verde, estalló la violencia en el mercado mayorista La Parada. Aunque este segundo -ocasionado por la colocación de bloques de cemento para que no pasen los camiones- terminó por ocupar mayor espacio en los medios de comunicación que el primero, debido a las graves consecuencias: cuatro personas y un caballo muerto, decenas de heridos, daños materiales y pérdidas económicas por los saqueos en la zona comercial de Gamarra.

El operativo, además, puso en los medios otro problema conocido por la ciudadanía y que muchas autoridades habían preferido ignorar: la gran cantidad de delincuentes que viven en las zonas aledañas. "Honorables señores" que se verán "afectados" por la "intransigencia" de la Villarán, pues con el mercado inoperativo habrá menos transeúntes que asaltar y menos autos que desmantelar. No hay derecho. Es atentar contra la fuente de ingresos de prontuariados padres de familia, cuyos hijos aprenden diariamente en las calles el teje y maneje del negocio en el que tendrán que acompañar y/o reemplazar a papá.



Este tema es de nunca acabar, solo espero que ahora que todos se van a Santa Anita y el terreno del ahora ex mercado mayorista en La Victoria se convertirá -según lo planteó la propia alcaldesa- en un complejo policial y en un parque dedicado a los migrantes, este no deje de ser resguardado por la Policía. Es como le comentaba a una amiga: "Sentiré que realmente se hizo algo el día en que pueda tuitear desde mi celular por las primeras cuadras de la avenida Aviación sin que nada me pase". ¿Un sueño imposible acaso?


Aunque soy oficialmente una vecina de Carmen de la Legua y no de Lima, no puedo dejar de saludar esta iniciativa de devolver la tranquilidad, orden y limpieza a esta zona victoriana. La Villarán no me parece el cuco y tan inútil como algunos la califican. En el Callao tuvimos y tenemos alcaldes y presidentes regionales uy, sí, full chamba, obras inauguradas por todos lados, pero coludidos con grupos delincuenciales, pagando portátiles, e involucrados en escándalos y delitos como los del by pass de la Av. Faucett y chuponeos. 

En tanto, mi respeto y admiración a la Policía Nacional del Perú por su loable trabajo, a todos los colegas que han cubierto esta noticia y mi solidaridad con Luis García, camarógrafo de TV Perú, quien sufrió la amputación parcial de su oreja, víctima de la agresión de un grupo de vándalos el jueves pasado. Veremos, entonces, si el caso La Parada le sumará o restará puntos a la lideresa de Fuerza Social. Todo puede pasar. A ver que ocurre en los próximos días.







jueves, 11 de octubre de 2012

Nuevamente Humala vs. Fujimori

Foto:   - @nicolasyerovi
Sea cual fuere la decisión, nada será como antes. Luego que los cuatro hijos de Alberto Fujimori presentaran formalmente ante el Ministerio de Justicia la solicitud de indulto humanitario para el expresidente, me quedo con la frase que dio la alcaldesa de Lima, Susana Villarán, cuando le preguntaron sobre el tema: "Que Dios ilumine al presidente". 

Si Ollanta Humala le concediera el indulto a Fujimori yo me sentiría más que indignada, traicionada, y es aquí donde debo explicar la razón. En las elecciones presidenciales pasadas yo voté por Alejandro Toledo porque, más allá de su debilidad por la botella o que su familia se pasara de sinvergüenza, guardo buenos recuerdos de su gobierno; sin embargo, al no pasar a la segunda vuelta, todo el Perú quedó entre esa temida disyuntiva bautizada por Mario Vargas Llosa como la elección entre "el cáncer y el sida".

Es ahí donde opté por Humala sin pensarlo mucho. Para mí era una locura que Keiko Fujimori llegara al poder, como si su padre no hubiese sido el responsable de uno de los peores gobiernos que ha tenido el Perú: diez años en los que los casos de corrupción, violación a los derechos humanos, manipulación de los medios de comunicación, etc., terminaron por opacar los tan mentados logros económicos y de pacificación de los que se jactan, hasta ahora, los más fieles de sus seguidores.

Pero el asunto es ese, mi voto por Humala no fue de apoyo total a su propuesta de gobierno -además nunca terminé de creerme aquello que iba a seguirle los pasos a Hugo Chávez- sino fue un voto antiKeiko y antiAlberto Fujimori porque era más que evidente que si la señora de Villanella se ponía la banda presidencial, lo primero en su agenda iba a ser indultar a papito.


Lo digo abiertamente: yo voté por Humala para que Fujimori siga preso, para que cumpla las sentencias que la justicia peruana le impuso, al igual que a su recordado asesor Vladimiro Montesinos. Ahora, miren las vueltas que da la vida, pues en las manos del comandante se encuentra la posibilidad de otorgarle al exmandatario esta gracia presidencial. 



Pobre Presidente, si le dice no al pedido de la familia Fujimori tendrá una oposición mucho más severa en el Congreso de la República por parte de la bancada de Fuerza 2011, además de otras perlas; pero si le dice que sí, las protestas en las calles no se harán esperar, a lo que debemos sumarle el impacto a nivel internacional. Positivo o negativo, el panorama político que le espera es poco favorable. Ojalá la Primera Dama lo sepa aconsejar bien.